Amo a Virginia Apasionadamente

«Amo, usted lo sabe, amo a Virginia apasionadamente, devotamente».
Edgar Allan Poe

Que voces, Virginia, que voces las que me acariciaron, me apretaron las manos, el corazón, me besaron apasionada, peligrosa, maternalmente.

Por ellas, flores de fango, percantas, grelas, naifas, milonguitas y otros lugares comunes…

Minas de un tiempo cadenero, del aturdido olvido del barrio familiero y mishio, del percal, del estrilo y de la bronca, del abandono lánguido al chamuyo, al champagne y al cotorro, al taconeo pecaminoso y al insolente armiño, dulce metedura, entre humo, cocó y dale, dale que va…

Que cosmos de hembras pasivas, posesivas e insolentes, que ternura y que odio la de aquella Pepita Avellaneda y su musa de la mala pata, la de Lola la petisa, la Parda Refucilo, la Barquinazo y la Mondonguito, la Cara sucia, Flora y Juana la rubia, que tanto amé.…y cuando talló La Morocha allá por el año cinco: Lola Candelas, criollita linda, que le aplicó a Saborido tal caída de ojos y con ojos tan negros y profundos que el se abismó en ellos para siempre. Y de eso, de eso trataba al parecer esa musiquita, y eran como las cinco de la matina cuando Saborido llamó a la puerta de la pieza de Villoldo para que le prestara algunos versos, porque él se sabía desvelado para siempre, y tan aturdido de música que necesitaba una que otra palabra para orientarse

…Esa misma madrugada “La Morocha” sonó y sonó en el bar Reconquista de Rvirginiaonchetti. ¿Y sabe quien lo cantaba?, la misma proto-morocha que lo había encendido en el corazón de Saborido, Lola Candelas sí, y La Morocha siguió sonando en el tiempo y en la noche, noche tras noche, pero la mirada no, la mirada parecía irrepetible, como los milagros.

Y así lo fue, en efecto, por lo menos durante cuarenta y cuatro años, hasta que, en una matiné del cine Alba (del barrio del Once) Virginia Luque, que hasta entonces había estado distrayendo el metraje de la cinta con Juan José Miguez y con Fernando Lamas, giró la cabeza, se sorprendió un instante y después, me clavó la mirada, profunda, húmedamente.

Desde entonce, amo, amo a Virginia apasionadamente, devotamente

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