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KADISH Y SALAT UL YANAZA

Miércoles, 28 de Septiembre de 2011 alberto Sin comentarios

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(Este canto -para la escena final de “Tierra del Fuego”, de Mario Diament-se hizo con palabras sueltas de Mahmud Darwish, Yabra Ibrahim Yabra,
Mordejai Gebirtig, Fawda Tuqan, Jumah al-Dossari (prisionero en Guantánamo) y Paul Celam)

 

 

 

Todo canto es una madre
Que busca a su hijo en las nubes,
Que busca
Que busca en un mapa de ausencia

Toma mi sangre.
Toma mi mortaja y los restos de mi cuerpo.
Sólo pido morir en mi tierra
Sólo pido estar en el regazo de mi patria
renacer siendo hierba en mi tierra.

Auschwitz , Sabra, Treblinka, Chatila

Caven más hondo las palas
Toquen más sombríamente los violines luego subirán como humo en el aire
y Los músicos de la orquestina del “Zircus Konzentrazani”
aguardarán a los bailarines de “Dabkeh” en las puertas de los hornos
y entrarán juntos.

¿No está ahora en llamas nuestra frágil aldea humana?
¿No hay voces en el corazón de esa brasa?

Buchenwald Qana

Todo poema es un sueño.
He envejecido.
Devuélveme las estrellas de la infancia
Para nuestra patria,
Un techo de nubes.
Para nuestra patria,
La libertad de morir consumido de amor
Para nuestra patria.

¿Y nos quedaremos mirando como nuestra aldea
Va haciéndose ceniza deshaciéndose en humo?

¿Se han secado los racimos a su alrededor?
¿Se ha quemado el trigo?
¿Se han vertido las odres de aceite en la alforja de piedra?
¿Es cierto que tras la lluvia crece la hierba?
¿Es cierto que las flores saldrán en primavera?
¿Es cierto que las aves migrarán a casa?

Es cierto. Claro que es cierto.
Todo son milagros para nuestras patrias cautivas.
Soñé que soñaba
Piedra preciosa en su noche sangrienta…

Nahar al Bared, Dachau, Chelmo, Gaza

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ROBERTO DÍAZ, POETA.

Miércoles, 7 de Septiembre de 2011 alberto 2 comentarios

En la noche del martes último (6/08/11) , falleció víctima de un paro cardiorespiratorio, nuestro compañero, el inolvidable poeta Roberto Díaz. Me interesa, en su homenaje, publicar el texto con el que saludé la presentación de su primer poemario,

“Epitafio del Gris” (1966)

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Reencuentro de algunos ex integrantes del grupo de poesía El Pan Duro (Hugo Ditaranto,

Roberto Diaz, Luis Navalesi y Alberto Wainer, en ocasión de la presentación del libro “La

Verdad sobre El Pan Duro”de Héctor Negro, en diciembre de 2007.

“EPITAFIO DEL GRIS” DE ROBERTO DIAZ

(Año 1966)

Texto leído en la presentación del libro, en el Teatro de la Fábula

Me toca a mí, en nombre de los que durante un tiempo más intenso que extenso integramos “El Pan duro”, presentarles este Epitafio del Gris, primera voz de un poeta en el que intuimos un riquísimo universo de imágenes, ritmos y sentidos que, estamos seguros, se irá dimensionando en el tiempo.

Y ahora que entendemos que “El Pan duro” ya cumplió su ciclo, que prolongarlo sería desvirtuar su espontaneidad, su razón de ser por necesidad, este libro nos reafirma en la idea de que valió la pena, que teníamos razones históricas y estéticas para existir como grupo.

Hoy no voy a intentar, por supuesto, la crítica del libro, hoy solo quiero decirle a Roberto lo que me ocurrió a mí con su poesía, lo que, más allá de nuestras diferencias de criterios y sensibilidades, nos pasó a todos nosotros, los que nos comprometimos a darla a conocer. Lo que la poesía de un joven poeta conmovió, despertó, en otros jóvenes, poetas como él, e inmersos, a su lado, en esta realidad cada vez más compleja, motivadora,

Pienso que Epitafio del gris es poesía lucidamente desgarrada, experencial y, de alguna manera, cruel. Pero con esa calidad de crueldad necesaria, desmitificadora, que afecta en principio a quien la ejerce y asume al otro en su ejercicio No encontramos en ella conformidad con el mundo y con la gente, encontramos al mundo y a la gente desde una poética (una conciencia) identificable en esa segunda acepción del “yo” que Eluard le proponía a Claude Roy: Hay el yo personal, privado, de Musset y Verlaine, y el yo objetivo de Lautremont, que sirve para decir nosotros, es el yo de todos.

Esa percepción, esa vivencia enraizada, solidaria, no extranjera de la realidad, origina un reconocimiento doloroso, una obstinada resistencia a la asimilación, una exigencia de lucidez que, superficialmente, puede ser leída como pesimismo pero que es, en lo profundo, un rechazo radical al optimismo burocrático, a la perspectiva impuesta, unívoca, global, a las estrategias de la mala conciencia (la corrección moral, estética, política, entre ellas), porque la realidad -ese magma objetivo, subjetivo, físico, espiritual, lleno de lógica y de absurdo que contiene y confunde al mundo y al poeta y en el que este se busca a si mismo a la vez que descubre las imágenes del mundo en sí mismo- es siempre mucho más compleja y por eso más rica y por eso más gozosa y por eso más terrible que sus estereotípos ideológicos.

De ahí la amplitud de juicio, mejor expresado: la ausencia de prejuicio, que exige Díaz a su lector, antagónico y complementario. Sólo ama el que odia; sobre esta dialéctica se funda su poética y, además, los términos de aquello que Díaz ama y de lo que odia no se encuentran confortablemente compartimentados, se yuxtaponen, e indiferencian y suceden en el corazón de las misma personas, ideas o circunstancia que son objeto de nuestro amor y, por esta dialéctica, inexorablemente también de nuestro odio.

Porque el destino de ese conflicto de sentidos que sin embargo se contienen es, definitivamente, el hombre. Capaz de toda grandeza y de toda miseria, hacedor y traidor, Adán de la desmesura existencial, de la trasgresión y, también, de las sumisiones más abyectas, de la grisura perfecta. Claro que no hay en esta mirada ninguna abstracción sobre “el género humano”; nada de humanismo idealista ni de idealización para su sujeto-objeto histórico, tampoco de populismo: si su criatura es hecho miserable, la miseria no lo ennoblece, lo convierte en canalla.

¿No podría, acaso, bajo las líneas de poemas como En el colectivo, Tío José, Jerárquico, Gris, Regreso, etc., inscribirse como en un pentagrama, como un todo continuo, la invocación, la súplica, la orden epifánica de Maldoror: Muestra tu esencia divina que hasta ahora has escondido?

¿No es esa la calidad de humanismo que le cabe a sus peripecias, imágenes, atmósferas y sentidos?

También hay caos en “Epitafio del gris”, contradicción y hasta algún poema injusto. Son los riesgos de una participación apasionada, sin reservas, No hay inocencia en la frase de Huidobro que Díaz elige como premisa para su poemario: Sin duda alguna hay muertos que es necesario matar.

Y esto, no se me pregunte por cual asociación misteriosa, me lleva a la cuestión de los temas, de los motivos, que venimos arrastrando, sobre todo los artistas de izquierda, y que, tiempo al tiempo, varía pero no cesa. . Están, se nos dice, los temas que sirven y los que no, los que ayudan y los que -pura forma vanidosa y ponzoñosa- desmoralizan. Hasta se nos protege con fórmulas tan mensurables como la posología de los medicamentos: un 10% de poemas sobre el otoño puede ser asimilable si se lo diluye en un 90% de queja social, optimismo a futuro, y ética de la pobreza. Cualquier alteración del porcentaje puede ocasionar reacciones secundarias. Algo se ha discutido de estas químicas pero en lo esencial y con otros ingredientes, las prescripciones y las proscripciones no caducan; hoy los Papas Negros son formalmente más amplios, eclécticos y admiten un 90% de otoño con sus respectivas guarniciones (cualquiera sean las audacias formales y las oscuridades consecuentes) pero ni una sola imagen de heterodoxia política, ni la sombra de la sombra de los discursos alternativos que cuestionan el monopolio de la dogmática socialista e incorporan como objetos poéticos nuevas prácticas de modificación de la realidad social, esas, justo esas, que no han sido consensuadas por los socios del equilibrio geopolítico.

Ahora bien ¿hay en esa experiencia instranferible del mundo, en esa subjetividad artísticamente articulada que reconocemos como poética, materiales esencialmente buenos, necesarios, y otros intrínsicamente perversos, perniciosos?

Galvano Della Volpe dice que “donde hay poesía auténtica (y es necesario esforzarse por asirla más allá de todo preconcebido esquema de contenido) hay siempre verdad sociológica y por lo tanto realismo, o sea múltiple representación simbólica, y tanto de un modo como del otro asume una posición crítica de una realidad histórica y social”

Habría que insistir en que ese esfuerzo por asirla implica también la crítica de la perspectiva dogmática u oportunista que diseña esos esquemas, sean de contenidos o sean de formas o sean, como finalmente devienen, de esa unidad en la que cada uno de los términos es también, necesariamente, el otro.

El esquematismo, la reducción de la realidad a simplificaciones, acelera una mecánica defensiva inversamente proporcional de esquematismos no menos rígidos. La reacción antisectaria debe cuidarse de sus propios nuevas entelequias.

Y en ese sentido debo admitir que, tras una lectura muy superficial, me prejuició la elección temática de Díaz. Funcionó todo el agotamiento, toda la resaca acumulada por tanta poesía, teatro, cuento, novela. “de oficina”, casi un género, o un sub-género recargado de expresionismo fácil, ausente de caracteres y primera persona, con sus señores ceros, oscuros hombrecitos piel de papel carbónico y tripas como serpentinas de papel de máquina calculadora, Y sin embargo -contra toda esa retórica- hay que entrar en la realidad de la oficina -ese límite, ese espacio de resignación o suspensión de los sueños, de la dignidad, esa rutina idiota, maniática, también esa honda pregunta ontológica (si uno se atreve a formularla), y además tanta conmovedora humanidad, y, ya decididos a nombrar, ese riquísimo bestiario- pero hay que penetrar con telescopio y/o microscopio, no con la perspectiva rasera del color local, hay que entrar a una experiencia personal y apasionante, la de un artista que, en razón de nombrar, acaba con el tópico e inventa la realidad, con materiales viejos y materiales nuevos.

No hay, creo, necesidad de insistir sobre esto, la poesía que escucharemos a continuación asume ese itinerario y es, por supuesto, muchísimo más elocuente…

Quiero, sin quitarles demasiado tiempo, expresar la alegría que la gente de El Pan Duro compartimos con Roberto por “Epitafio del gris”, y dejar además muy en claro que este nacimiento no hubiera sido posible sin “La Rosa blindada” la joven editorial que, pese a la oposición despiadada, y extrañamente acompasada, de los funcionarios de la cultura reaccionaria de izquierda y de derecha, tanto ha hecho –y en tan poco tiempo- por los escritores argentinos,

Gracias al Teatro de la Fábula y gracias a todos ustedes por estar hoy aquí con nosotros.

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La blanca mota de lana

Sábado, 17 de Abril de 2010 alberto Sin comentarios

La blanca Mota de lana blanca lana
viajaba
por el viento viajaba por la nieve viajaba
por los blancos copos de nieve que el viento empujaba viajaba
la blanca Mota la mota blanca de lana lana
y la nieve de blanco la manchaba pero nadie notaba la mancha blanca de nieve en la mota de blanca lana lana
y a la pobre mancha de nieve blanca nadie miraba
y a la pobre mota de blanca lana lana nadie limpiaba
y la mota y la mancha lloraban
y una torcaza blanca que pasaba
sintió en su alma que era -¿adivinan?- blanca blanca blanca
sintió una enorme pena por la lana lana
por la mota mota
por la nieve nieve
sintió una enorme blanca pena por la mancha blanca blanca
como el alma de la torcaza blanca
y quiso la torcaza blanca quitar la mancha blanca de nieve blanca de la mota blanca de blanca lana lana
y la quitó y vió que no era nada
y que a nada la había quitado de la nada
porque nada era lo que nada manchaba
y después trató de alejarse
pero era inútil
¿porque como hace uno para alejarse de nada
sobre todo si el que de nada se aleja es nadie?

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Al modo de los ríos

Miércoles, 27 de Enero de 2010 alberto 2 comentarios

 

 nocturno

El dios que ve el futuro esconde el desenlace en una noche espesa; ordena las cosas del presente con ánimo sereno; el resto es arrastrado al modo de los ríos.Y si un mortal se angustia más de lo debido, ríe. Horacio

1.

Y claro, si el cafetín de Discépolo era la universidad,

la esquina,

el espacio mítico de la cita con la primera barra,

la iniciática,

la fraternal,

fue la escuela primaria.

Y desde allí,

desde aquel arcano,

cualquiera fuera el lugar del mundo

o del tiempo

en el que estuviéramos (estemos)

-atravesando como el grito de Tarzán la inmensidad de la selva-

siempre nos llegaba (nos llega)

su reclamo.

Puerta a los descubrimientos abismales, la vida.

Velo de las confesiones,

Coincidencia de las elecciones que creímos y

–cumplidas o traicionadas-

se probaron eternas.

Y seguimos allí:

Somos ese desconocido en algún sitio del hombre que somos.

Todos.

Quien sabe en que transcurso o en que estrella.

Pero todos.

2

Porque ya se consumió el cigarrillo del intervalo

y mi vecinita tiene los ojos de haber llorado

la primer cinta era de amor y tenía un final triste…

y aunque no lloro comparto su conjoga,

su anhelo

ese que ya va a pasar

pero que, por más vida que pase, no pasa

se queda a vivir,

con nosotros.

Veinte años no es nada, ya se sabe.

Ni treinta, ni setenta,

y cuando el cantor lleno de sueños

- se llama Alberto, como yo –

en un atardecer salpicado de melancolías y golondrinas,

retorna al principio de esta historia,

nos encuentra igualitos.

No faltan ni los que no están.

Y después

una leve caída de la luz y las voces y las risas

parecida a la lenta pero inapelable bajante de un río

nos arrastran a todos.

y con la misma discreción

-una a una- se borran las imágenes en las sabanas

de los viejos biógrafos.

Las del “Armonía” del Once.

Las del “Pablo Podestá” del Parque.

Las del “Cecil” de la calle Defensa.

Y se quedan los sueños

y a ellos

regresamos los que fuimos.

3

Y la primera es una que nos devuelve todo,

lo que el viento, año a año, se fue llevando,

hasta que

-al final-

la chica se enamora de King-Kong.

En la segunda descubrimos que la vecinita

(la de los ojos de haber llorado)

es Gene Tierney y  nosotros Gardel,

consecuentemente, le robamos un beso.

En la tercera paseamos con Cyd Charisse por Central Park

¡Y qué livianos somos, qué ágiles!

bailamos en la oscuridad

¡Pero cuantos fuegos de artificio se disparan detrás de los párpados apretados!

¿Basta que un hombre cierre sus ojos

para que nadie, nada pueda alcanzarlo ni herirlo?

¿Quien fue el que dijo que allí sucede una invención tan poderosa como la vida

y que esa noche paulatina que instauramos es como un despegue

y que, entonces,

en las gastadas sabanas y en el alma

ocurre una historia

única?

4

Toda desmesura es lunar o lunática

también la ferocidad y la belleza

y la fugacidad

y hasta las leyes físicas, la lógica

y la pirueta peligrosa de cada día

y la porfiada rutina

pero sobre todo el porfiado amor

y, peor aún,

la fidelidad.

Entonces

desde aquel lejano aprendizaje

desde ese arcano

-convocados por el grito de Tarzán

y toda la química sagrada-

nos desconocemos absolutamente

como corresponde

a tan viejos y queridos

camaradas

26/27 de enero de 2010 (71 años)

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Único amor Únicas Ceremonias

Jueves, 5 de Noviembre de 2009 alberto Sin comentarios

Y durante  su agonía Tycho Brahe repetía obsesivamente:

“Ne frusta vixisse”,  que nadie piense que viví sin sentido.

por el barrio en cochecito

Ya pasaron

ya son memoria

la inmensa mayoría

de los puentes

y la lágrima azul

más intensa que inmensa

antes de ser olvido

brilla como una nova.

El pasado

-país extranjero

en el que Ulises

se olvidó de la patria-

Y ella

la osa, la maga

-único amor únicas ceremonias-

es el don

la llave de las cosas

entre las cosas

sobre las mismas cosas

hecha con fragmentos de cosas

del sentido de cosas

que son o no,

ya no.

O creímos

y nunca fueron

o fueron invisibles

e inasibles

como las mil historias

y sus reflejos

en las mil noches

y una noche

que bien puede ser ésta

descifrada

entre

líneas tortuosas

o derechas

como la escritura

de dios,

convocada

por nuestra

incoincidencia

en el tiempo y el espacio

de la osera

el territorio protector

la cueva mítica

al viejo resplandor

a la benigna música

a la dulce rutina

a la persistente pasión

al amor obstinado

y su enigmático

espiral sin huellas.

(De “Únicas ceremonias” – Buenos Aires, Mayo 2003;

Ed. Ciclo de poetas del 60 gobBsAs)

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