El cine de las sabanas blancas

Cada vez que la pálida vecina, aquella de la que decían que se cansó de amar, se acercaba a la puerta de su casa, tratando de disimularse, de no ser vista ni oída, nosotros, la purretada, con la intuición precoz de la que nos dotaba el barrio, sospechábamos en el murmurar y las miradas de las comadres, historias fascinantes…

No alcanzábamos a descifrarlas, pero nos íbamos quedando con cachitos…

…Y también en los súbitos silencios familiares: Cuando nos parecía que en el susurro sigiloso de la conversación de los mayores tomaba forma un nombre…

…el de esa tía distinta, por ejemplo, la de luz especial, sonrisa bonita y tristona, que había desaparecido misteriosamente de las reuniones familiares y de la que solo nos quedaban algunas dedicatorias en libros iniciales…

Y si con los de la tía triste y la vecina pálida había que componer un único rostro para nuestra protagonista ¿no disponíamos acaso del de Libertad Lamarque? ¿No nos acariciaba ella como desde la luna con sus ojos húmedos?

Y nosotros, los pibes, atraídos como las moscas por el azúcar, nos acercábamos… y todos se callaban…

Pero después, a la noche, en la guardada oscuridad de la noche, en la casa secreta de la noche, realizábamos el montaje de todos los fragmentos dispersos y misteriosos y los proyectábamos….para nosotros, para nosotros solo, en el cine de las sábanas blancas…(*)

Y lo que se veía era, muchas clip_image002veces, un novelón. Si. Un áspero novelón sentimental.

La buena percantina de barrio, la cantora de las madreselvas que no pudo zafar del metejón siniestro, de la rueda obstinada, de ese eterno retorno que es un tango, de los besos brujos, de los amores malos,…

Y no solo en la sórdida periferia, en los ínfimos tugurios de la milonga y las claudicaciones, también por la abigarrada selva de las pasiones enfebrecidas, del amor comprado o arrebatado por la fuerza…

(*) De tarde en tarde Mamá nos dejaba, a Cúquele, mi hermana, y a mí, en el Cine “Alba” encomendados a la vigilancia de algún acomodador de confianza. Nos retiraba finalizada la primera sección. Años después, más crecido,  yo me veía todo el programa dos veces, en continuado

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