El Teatro: Un universo de sentidos (Ciclo 2010)

Abril

CICLO EL TEATRO ARGENTINO LEIDO POR EL CINE ARGENTINO

Porque este año del bicentenario el cine argentino de ficción redondea los cien años; porque el tema de la revolución de mayo no fue ajeno a aquel italiano, Mario Gallo, que con “El fusilamiento de Dorrego” (1909/10) le dio el puntapié inicial; porque la inspiración del teatro, para bien o para mal, estuvo desde el principio en esta historia (el propio Gallo filmo, en 1913, un “Juan Moreira”, con un Enrique Muiño novato); por el Oscar que una película argentina acaba de ganar (y reconozcamos que la palmadita en la espalda de la realeza de Hollywood es –sin que importen otras consideraciones- para la autoestima de la mayoría de las cinematografías periféricas, lo que el zapatito de cristal para Cenicienta); porque, aunque no deben confundirse, cine y teatro son regiones que comparten realidades a ficcionar, creadores y (aún con desventaja para el teatro) público; por esas y muchas otras razones nos interesó comenzar este 2010 del Ciclo, revisando las miradas que el Cine Argentino le dispensó al Teatro Argentino (este mes) y al teatro universal (el próximo). Esperemos que compartan nuestra curiosidad.

 

UN GUAPO DEL 900

image Si nos interesa rastrear en los personajes y peripecias de nuestro repertorio nacional (por afuera de las obras que como “Antígona Vélez” de Leopoldo Marechal, o “El reñidero” de Sergio De Cecco, recurren abiertamente al mito griego), una ida trágica: ese impulso o fatalidad, esa obstinación en las acciones sobre sus consecuencias e, incluso, sobre la conciencia, esa definición del carácter que, sin restarle complejidad, prefigura el sentido de sus actos, la referencia ineludible es Samuel Eichelbaum (1894-1967) quien, desde “La mala sed” (1920), hasta sus dramas mayores “Pájaros de fuego” (1927) o, especialmente, este “Un guapo del 900” cuya versión cinematográfica de 1960, revisaremos hoy, ha sujeto a sus protagonistas a la lógica ineludible de sus actos. Ecuménico López, tópico guardaespaldas de un caudillejo del conservadurismo populista de la provincia de Buenos Aires, parecería diseñado para un sainete orillero primario o para el cuadro de costumbres de la politiquería criolla de principios del XX, eso confundió a sus primeros críticos prejuiciados por los clichés. Ocurre que Ecuménico no alcanza la dimensión del arquetipo hasta que no produce su propio descubrimiento. El sentido, más que en el tipo, está en el desarrollo del mito que, como el de toda tragedia, refiere a un aprendizaje. La actuación de Francisco Petrone en el estreno, dirigido en 1940 por Armándo Discépolo, creó un paradigma del personaje y, consecuentemente, un desafío mayor para sus intérpretes posteriores, Rodolfo Bebán o Rubén Stella, por ejemplo, que lo encarnaron, respectivamente, en el Cervantes (1983) y en el San Martín (1999) o -mucho más controversiales en el campo de las adaptaciones cinematográficas:- Alfredo Alcón, hasta ese momento “sólo una cara bonita” y, cinco años después, Jorge Salcedo que, dirigido por Lautaro Murúa, dio, pese a las prevenciones, la talla y la hondura del personaje.

Leopoldo Torre Nilsson ya se había inspirado en el gran repertorio teatral rioplatense cuando, en 1954, filmó “La tigra”, sobre la obra de Florencio Sánchez.

Dirección: Leopoldo Torre Nilsson
Guión: Leopoldo Torre Nilsson y Samuel Eichelbaum
Fotografía: Ricardo Younis

Música: Atilio Stampone

Reparto: Alfredo Alcón , Arturo García Buhr , Lydia Lamaison
Elida Gay Palmer, Duilio Marzio  y elenco.

LOCOS DE VERANO (1942)

Con esta obra, el T.N.Cervantes inició su ciclo más trascendente, y quien lo dirigió, Antonio Cunill Cabanellas, pasó a ejemplificar la idea del hombre de teatro  comprometido con la gestión pública, la generación de políticas culturales y, también, de grandes productos artísticos. Samuel Eichelbaum (de quien acabamos de admirar su “Un guapo del 900”) nos refiere que cuando se hizo público que la compañía del Teatro Nacional de Comedia había elegido para su espectáculo inaugural la reimage.pngposición de esta obra, se pensó (y algunos lo pregustaron) en un fracaso inevitable. “Las de Barranco” – asegura- es la obra más representada de Laferrere porque es la más fácil; “Locos de verano”, en cambio” carece en absoluto de trama y la intención, magníficamente lograda, de convertir el movimiento de los personajes y sus características en la única acción de la obra, sigue siendo aún hoy de una gran audacia renovadora. Un director debe ser algo muy próximo al genio del orden y la medida: lograr esto con cinco o seis personajes ya es mucho, Cunill Cabanellas lo había conseguido con veintinueve y tan admirablemente que –así concluye Eichelbaum– “cuesta admitir que eso se haya podido hacer de alguna otra manera que no fuera la suya

LOS DE LA MESA DIEZ (1960)

Es otra de aquellas “Historias para ser contadas” iniciadas en 1956 (año, también en que el Teatro Fray Mocho de Oscar Ferrigno inauguró su mítico espacio de Cangallo y Paraná) que recorrerían la geografía argentina y de gran parte de América. le devolverían al teatro argentino esa vocación épica, image.pngde oralidad, de la que, con honrosas excepciones, parecía haberse olvidado desde la imposición del drama culto, de “la piece bien fait” y, por unos años, protegería a nuestra escena de una impronta naturalista, reflexiva y fuertemente subjetiva que, por la irresistible contaminación de los modelos norteamericanos, caracterizarían la mitad realista de nuestra teatralidad posterior a los 60 (la otra mitad, la de las vanguardias, elegiría sus espejos en Europa). “Los de la mesa 10”, que fuera también “Los amantes de la calle corrientes”, resigna, naturalmente, en su versión cinematográfica, esa economía de medios (6 actores-narradores, una mesa, dos sillas y cámara negra) pero, no pierde esa fusión de hondura y sencillez de una historia que, en palabras de Dragún, trata del amor que todos buscan romper porque se le exige que resuelva todos los problemas que los otros no han podido (no hemos podido) resolver.

Dirección: Simón Feldman

Adaptación: Osvaldo Dragún y Simón Feldman

Música: Horacio Salgán

Fotografía: Ricardo Aronovich

Reparto: María Aurelia Bisutti, Emilio Alfaro, María Cristina Laurentz, Luis Medina Castro y elenco.

 

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