El mundo del teatro narrado por el cine

El Teatro. Un universo de sentidos

Las grandes expresiones del teatro nacional y universal en documentales, puestas históricas, films memorables, registros de archivo, etc.

Septiembre 2012

TEATRO NACIONAL CERVANTES

EXTENSIÓN CULTURAL

Notas de Alberto Wainer

(Sala del INET, Trinidad Guevara, a las 18 horas)

El mundo del teatro narrado por el cine

El cine, pronosticado como un arte sin futuro por sus propios inventores, se asió al Teatro parasitariamente. Si existía alguna estrategia de sobrevivencia no pasaba, seguramente, por insistir en la proyección de fotografías en rápida sucesión de obreros saliendo de una fábrica o de la llegada de un tren. Eso alcanzaba para “ir tirando” hasta que acabara el efecto sorpresa y surgiera, inevitablemente, el aburrimiento. La tabla de salvación –pensaron algunos- estaba en el teatro, en su prestigiosa tradición, en sus unidades narrativas, en sus actores insignes, en esa naturaleza (perfectamente compartible) que implicaba a la realidad y a su representación y, de alguna manera, también a la literatura dramática o dramatizada. Del fracaso de aquellos esfuerzos por sacar al nuevo arte de las barracas populares, el “film d´Art”, que convocó a los dramaturgos, directores, actores teatrales y músicos más prestigioso del momento, es quizás, el ejemplo más clamoroso. Si alguien lo duda, que busque en “youtube” escenas de “La passió” de 1905, “El asesinato del duque de Guisa”, de 1908, o del histrionismo inadecuado de los divos a lo Sarah Bernhardt o Ermete Novelli, etc.

André Bazin, definió, años después, este desencuentro con extraordinaria sagacidad: “hay cruces fecundos y que suman las cualidades de los progenitores, hay también híbridos seductores pero estériles y hay finalmente uniones monstruosas que no engendran más que quimeras.”

Esto no impidió que uno y otro arte, restablecidas sus naturalezas tan diversas, se sirvieran mutuamente y que, ocasionalmente, se parodiaran, se exaltaran y hasta compartieran mitos.

Revisamos este mes algunas de las miradas más inteligentes que el Cine ensayó sobre ese padre, el Teatro, al que (como todos los hijos) amó y odió con idéntica pasión.

Jueves 6

El fin del día

(La fin du jour, Francia, 1939) fin-2.jpg

Con guión del propio director,  y de Charles Spaak (un autor belga al que, con la producción de “El pan blanco”,  la Comedia Nacional Argentina incorporó al repertorio del Cervantes en 1959) este film, además de una de las      expresiones más características de lo que se conoció como realismo poético francés, constituyó, para los teatreros (por afición o por vocación) que, desde antes de los 60, frecuentábamos el Cine Lorraine, una extraordinaria educación ética y sentimental. En ese asilo de viejos actores en el que se espeja la realidad sombría y el pesimismo ante el futuro, de un mundo en el que todavía se enseñoreaban los fascismos, nos encontramos, además, con algunos de nuestros actores referenciales, cuyos nombres, sin embargo, hoy están casi olvidados.

Dirección: Julien Duvuvier

Guión: Julien Duvivier, Charles Spaak

Música: Maurice Jaubert

Escenografía: Jacques Krauss

Fotografía: Alex Joffre, Christian Matras y Armand Thirard

Con: Louis Jouvet, Victor Francen, Michel Simon, Madeleine Ozeray, Gabrielle Dorziat, Alexandre Arquillière, Marie-Hélène Dasté, Camille Beuve, Gaby André, Charles Granval, Jean Coquelin, Luce Camy, Cailloux, Martial Rèbe, Henri Nassiet, Simone Aubry, Simone Gauthier, Romain Bouquet y elenco.

Jueves 13

La historia del último crisantemohistoria_del_ultimo_crisantemo_japon.jpg

(Zangiku monogatari; Japón, 1939)

Dirección y fotografía: Kenji Mizoguchi

Guión; Matsutarô Kawaguchi, Yoshikata Yoda. Basada en la novela de Shôfû Muramatsu.

Música: Shirô Fukai Senji Itô

Con: Shôtarô Hanayagi, Kakuko Mori, Kôkichi Takada y elenco.

A Kenji Mizoguchi se lo sitúa hoy entre los cuatro grandes del cine nipón, junto a Akira Kurosawa, Yasujiro Ozu y Mikio Naruse. El que proyectaremos (para el prestigioso crítico Jonathan Stemberg uno de los diez films más importantes de la historia del cine japonés) es el primero de una trilogía sobre el mundo del teatro japonés (las películas que la completaron, La mujer de Naniwa, (1940) y La vida de un actor (1941), se encuentran, lamentablemente, en la nutrida nómina de obras desaparecidas de su autor) Historia del último crisantemo cuenta la peripecia de un joven actor de finales del siglo XIX, adoptado por una familia de grandes intérpretes del Kabuki en relación a la que se lo considera un mediocre. El apoyo emocional de una criada, dispuesta a sacrificar todo por él, le permitirá perfeccionar su arte y lograr el respeto de sus colegas y la admiración del público.

Jueves 20 y 27

Las criaturas del paraíso

(Les enfants du paradis, Francia 1945)

1ra. Parte: El Boulevar del crimen.

2da. Parte: El hombre de blanco.

Dirección: Marcel Carné

Guión: Jacques Prévert

Música: Joseph Kosma y Maurice Thiriet

Dirección artística : Léon Barsacq, Raymond Gabutti

Fotografía: Roger Hubert

Con: Jean-Louis Barrault, Pierre Brasseur, Pierre Renoir, Arletty, Marcel Herrand, María Casarès, Louis Salou, Gaston Modot, Etienne Decroux, Marcel Herrand, Gérard Blain y elenco. images

Estamos ante uno de los clásicos indiscutibles del cine francés. En ocasión de los festejos, revisiones históricas y balances estimativos motivados por el centenario del nacimiento del cine (en 1995). hubo quienes la consideraron la mejor película francesa jamás filmada. La circunstancia de que fuera rodada en plena ocupación alemana torna inevitable que este “tributo al teatro” nos proponga -con su equívoco juego de ficción y realidad- traslucidas asociaciones con la dura realidad política coyuntural. En ese sentido –y sin considerar sus intenciones- la película fue apreciada y amada como un poético gesto de resistencia. El gran Jean Louis Barrault fue quien sugirió al poeta Jacques Prevert la historia de Jean-Gaspard Deburau, (el más grande mimo francés del siglo XIX) como eje de la historia, pero como protagonista indiscutible de esta gesta coral, se impone el público, las angélicas y miserables criaturas que se agolpan en las localidades más baratas, un paraíso metafórico sin el cual el arte dramático carece de sentido.

La acción transcurre en 1828 en el Boulevard du Temple de París, conocido como Boulevard del Crimen por la abundancia de asesinatos que día a día se cometían en los escenarios de la infinidad de teatros que allí se apilaban.

 

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