La mala desmemoria

levasseur

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando el 7 de julio de 1730, Olivier Levasseur -conocido como “el cernícalo”- estaba en el cadalso, con la cuerda al cuello en la isla de Bourbon, (ahora conocida como Reunión), situada en el Océano Indico, al este de Madagascar, lanzó a la multitud un criptograma, mientras exclamaba: ¡Que encuentre mi tesoro, el que pueda entenderlo!
Pero al tesoro no hay que buscarlo ni intentar descifrarlo, hay que dejarlo descansar en paz allí, donde lo enterramos, justo debajo de donde estamos pisando ahora mismo.

Uno no se pregunta
algo que no sepa,
que secretamente ya no le haya
sido revelado.

¿No sucede también así
con el olvido?
¿Enterrar un tesoro
y apresurarse a destruir el mapa
o el criptograma
que pudo devolvérselo?

Me recuerda la historia del
Hombre de la máscara de hierro,
algo queda eternamente clausurado
guardado de todo y de todos,
incluido él mismo.

Se asegura de cubrir las claves
como si la amnesia
no fuera tan sólo una estrategia
y honestamente ignorase
lo que sabe que sabe.

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