Siete razones para no releerse

1
Nunca afirmé que allí no hubiera nada
Dije, sí, que faltaban ciertas cosas
que se suponía estaban:
Yo, por ejemplo, no me encuentro
Tampoco a la realidad.
La lista de omisiones es considerable.

2
Hay, sin embargo,
frases enteras que me parecen buenas,
que me agradaría que fueran mías
que me resuenan como el recuerdo
de lecturas olvidadas
(dadas por perdidas)
y vueltas a recordar como una inspiración.

3
Soñé con una nave que no tardaría en naufragar.
La vida a bordo transcurría normalmente,
la marinería y los pasajeros en lo suyo,
el mar calmo,
el horizonte despejado.
Entonces desperté.

4
Y a esa mujer
a la que en unos versos llamo “mía”
daría la vida por conocerla,
por acariciar su piel y oler su pelo.
(¡Oh ese misterio
del que afirmo saberlo todo!)

5
Somos, en el fondo, tan simples
que necesitamos agitar las aguas
y remover el légamo.
Tan abrumadoramente básicos
que nos obligamos
a crear el infierno que no existe.
Finalmente logramos que el infierno arda
y que nos abrase.

6
Me atrevo incluso
con la obra secreta de la naturaleza
y hasta traduzco sus poemas cifrados.
Como si yo no fuera
-desde hace demasiado tiempo-
un exiliado.

7
(… )Protegidas en el interior de los duros diamantes,
las impurezas son minerales inalterados que pueden
contar la historia. Revista Science, Julio de 2011

Tras admirables y fatigosas alquimias
la imagen es ideal, finalmente.
perfecta la proporción de fuegos y de brillos,
los cortes, el desbaste, la pureza,
la luz que lo atraviesa
y se espeja en sus facetas.

Naturalmente,
todo el informe deslumbramiento original,
lo oscuramente percibido
-incluida la exaltación-
han sido cuidadosamente eliminados.

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