Otelo. Una tragedia

 

otelo-1Con Alfredo Alcón y Miguel Dao, en el Teatro Regina (Teatrísimo, 2005)

Shakespeare no parece inclinado a reconocerle a Otelo -el valiente guerrero africano, de piel oscura y ánimo exaltado- los méritos de esa victoria sobre la flota turca, que devolvió al Adriático, desde Corfú hasta el Po, su cualidad de “Mare Veneziano”, y afirmó el dominio de la República Serenísima sobre el Mediterráneo.
El auténtico artífice de la misma parece haber sido Dios, quién frustró la batalla al ordenar una terrible tempestad, con olas que se elevaron hasta las nubes, llegaron a salpicar las constelaciones y, obviamente, se tragaron a la flota turca. Incluso la nave capitana de los venecianos, la que traía a Otelo, estuvo a punto de naufragar y, aunque por un considerable espacio de tiempo se la dio por perdida, se libró de milagro y atracó, final y calamitosamente, en Chipre.
En “Otelo. Una tragedia” (*) –no me disculpo por la herejía- le devolví al Moro el generalato y a sus soldados razones para un festejo merecido:

El ocaso del día de la victoria. El Puerto de Famagusta en la Isla de Chipre se recorta, entre gaviotas, sobre un cielo rojo. Va desistiendo la febril actividad contigua a la batalla y los soldados, que sienten en la piel la sensualidad de la supervivencia , se arrancan de la memoria a los camaradas muertos, alardean de hazañas, beben y, mientras comienzan a encenderse hogueras, se entregan al más exaltada alboroto.

ALGUIEN QUE CANTA
Amigo:
Se acabó la batalla
y estás vivo.
¡Celébralo, bebe y ama
pero no te hagas ilusiones,
no!
Estás sujeto al capricho
de un ángel,
abraza ahora con más fuerza a esa mujer
y canta.
¿Puedes pedirle a la suerte algo mejor?
El ángel vino
detuvo su mirada un instante en tu rostro
y te sonrió.

No hay pronto
no hay mañana
solo hay hoy
para gozar de la vida
y del amor.
Dulce embriaguez
de noche, de besos,
de abandono.
Rojo es el vino
rojos son tus labios
rojos como el vino.
No hay pronto,
no hay mañana,
solo hay hoy.

Amigo:
Si, se alejó la muerte.
Celébralo y bebe.
No, no dejes de beber
hasta que Él regrese.
Hasta que el ángel vuelva.
Vuelva, y te mire fijo.
Vuelva, y no te sonría.

No hay pronto,
no hay mañana,
solo hay hoy.

En otra escena, cercano ya el final, el cantante ratifica lo que, por supuesto, ya se sabía inevitable:

Amigo:
Recuerda como se alejó de ti
la muerte.
Celebraste, bebiste
y gozaste de tu hembra.
El tiempo sucedió
como una música
y se fue silenciando.

Ahora
el ángel, que es fiel,
vuelve y te mira fijo.
Es inútil,
¡Oh! Es inútil amigo
hacerse el distraído.

Quise también que la obra tuviera un nítido trasfondo histórico. No me satisface la explicación de que Venecia y Chipre son, en Otelo, tan arbitrarios como la Dinamarca de Hamlet y que el Theatrum Mundi de Shakespeare, es espacialmente abstracto y temporalmente a-histórico. Creo que a este conflicto de clases y de razas, a esta tragedia política, lo estimula la precisión de su escenario, esa República Veneciana que constituyó uno de los ejemplos más perfectos de oligarquía que conoce la historia. Nunca tanto poder estuvo en tan pocas manos: una aristocracia de comerciantes sutiles, refinados y crueles que disponía ya —y la lógica de Yago no se entiende sin esa precisión— del discurso político moderno.
Es por eso que al final, tras las muertes de rigor, El Narrador refiere el regreso; el del cadáver del más hermoso y blanco ángel veneciano, por supuesto. El otro, el del diablo de carbón de labios gruesos, es ya sólo ceniza dispersa por el viento chipriota.

NARRADOR
Los mensajeros, esta vez del luto, sobrevolaron puntuales la Metrópoli y sembraron de infaustas noticias la luz pulverizada del atardecer entre palomas y campanadas. Poco después tocó puerto la nave que regresaba el cuerpo de Desdémona que, tras un funeral en San Zanipolo, reposa junto a su padre, en el panteón familiar de los Brabanzo en el viejo cementerio de la Isla de San Michele. De Otelo, cuyas cenizas fueron confiadas al viento de Famagusta, en Chipre, pocos recuerdan sus batallas, pero todos ríen cuando en la “Piazza” un comediante, cuya máscara reproduce burlonamente los rasgos del Moro, es apaleado, como cuadra a un cornudo, por su bella esposa veneciana y un apuesto galán. En cuanto a Chipre, la joya tan amada de la República, fue reconquistada por los turcos. Su último gobernador resistió heroicamente durante once meses, finalmente los turcos lo apresaron y estando aún vivo, le arrancaron la piel y rellenaron su cuerpo con paja.

*) Emitida en 2004 en el Ciclo “Las dos carátula” (Radio Nacional. Argentina), estrenada en su versión teatral, dentro del Ciclo Teatrísimo, en el Teatro Regina de Buenos Aires, en octubre de 2005, y respuesta por la Fundación Shakespeare Argentina en la XI Feria del Libro Teatral (2013. El texto mereció, en 2005, el Premio Argentores y su consecuente publicación (lamentablemente, muy defectuosa).

**) La Basílica de los Santos Juan y Pablo (llamado San Zanipolo en dialecto veneciano) es uno de los más impresionantes edificios medievales de la ciudad, Se la llama el Panteón de Venecia debido al gran número de dux de Venecia y otras importantes personalidades que fueron enterrados allí desde el siglo XIII.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *