Y si dejara de ser todo

“(…) y si dejara de ser todo el recuerdo dejaría de ser. Sí, pensó. Entre la pena y la nada elijo la pena” Las Palmeras salvajes, William Faukner

para poema3
Para crear sonido, aunque sea uno solo, basta con dejar pasar el aire.
Y yo me detengo a tomar nota
para futuro olvido.
Todo será finalmente
según el color del cristal con que se desee:
En la pista hay lugar para un único bailarín
eventualmente puede cruzarse con un oso en patines
(o mejor, en zancos o en triciclo)
que toca el acordeón,
Pero el foco, así está reglado,
debe concentrarse en el danzarín.
¿No puede ocurrir, sin embargo, que a quien
maneja el seguidor se lo trague el remolino valseado
que formó el acordeón?
¿Que al hombre lo escondan las sombras
y que el oso en patines, zancos o triciclo
gane la luz y el centro de la pista?
Así las cosas:
Tampoco –aunque lo contrario es improbable-
podría afirmarse
que hombre y oso sean totalmente ajenos al accidente,
Y, puestos a conjeturar, anotemos:
podría incluso pasar
que sobre el final
el oso sea el bailarín
Y el hombre en patines
-o mejor, en zancos o triciclo-
toque el acordeón
Y, eventualmente, se le cruce al oso.
Será cómico, entonces, observar,
que cada uno sigue ensimismado en lo suyo
como si no se conocieran de ninguna parte
y que en lo que hacen
empieza y termina todo.
Y eso mientras el foco despliega a foro
un chispeante abanico de luces rastreadoras
y la música sigue,
sigue. sigue

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