En el marco de la 
Madres del futuro; cuidado; cuando muera puedo volver. Miguel Ángel Bustos
NARRADOR:
Pocas veces se ha planteado al hombre contradicción tan extrema, pocas veces se ha sentido tan históricamente desgarrado. Tiene desgarros en su cuerpo y en su alma. Y uno ya sabe que las bibliotecas, los museos o los teatros, pueden prosperar en las inmediaciones de los campos de concentración, y así se desvanece la ilusión de que la razón puede abarcar un saber completo, y que la cultura, al ser conocimiento, puede frenar la violencia. No solo de la utopía: Al expulsado de la modernidad lo han despojado también de su experiencia, y ahora Hamlet encuentra la calavera de Yorick entre cenizas, en un horno de Auschwitz. Claro que sobre esta realidad decretada, gravita no solo la irrealidad – “ser o no ser” es el dilema de un subversivo- sino también una especie de antirealidad, de resistencia a la ausencia de juicio, a la apatía ética, una praxis en la que el odio al mal es tan importante como el amor, si queremos que el mundo no se acabe. “Cuando he perdonado a una persona he terminado con ella” decía Freud. E igual a aquellos, a los que se les debe todavía mucha justica, previa al olvido o al perdón, Hamlet…Hamlet no ha perdonado.