Esta piel que no es más que la memoria de tus dedos

A la mujer amada y perdida, Hölderlin le dio el nombre de Diotima (una sacerdotisa de Mantinea) porque en ella, en la sabiduría y el erotismo con la que inició a Sócrates en esos tópicos, el poeta confirmó sus intuiciones acerca del amor físico y espiritual y, también de la belleza. Él, por un cortísimo tiempo, tuvo a su Diotima, de la que fue separado brutalmente. El precio de tan fugaz epifanía, fue la locura. En un breve poema que titula “Der Abschied», (La despedida), Hölderlin imagina una larga separación de la amada que finalmente los hará forasteros uno de otro, incluso prefigura un reencuentro en que el deseo ya se habrá desangrado y entre ellos sucederá apenas una recíproca mirada de amable reconocimiento. El final hipotético es dulce, pero en lo más profundo, triste, y además, permite suponer una secuencia alternativa, en la que Hiperión y Diotima pasarán uno al lado del otro y se mirarán, en efecto, pero sin reconocerse.

 

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